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Un libro de relatos cortos: 10 relatos de mujeres

10 relatos de mujeresAndo recorriendo las librerías de Barcelona. Mi favorita es La Central, la de la calle Mallorca, la otra no tiene nada de especial. En ella puedo ojear los títulos cuando ando con hambre de buena literatura, limitarme a comprar un solo ejemplar con toda la fuerza de voluntad de alguien que no tiene presupuesto, y sentarme a tomar un té con un mini bocadillo sin darme cuenta de cómo pasan las horas entre mis lecturas. Creo que eso es lo que más me gusta de la ciudad, la posibilidad de leer en cualquier lado; en cafés, en librerías, en el metro, en nuestro piso cerca de la Sagrada Familia. Y es que esta ciudad invita a leer.

Y también invita a descubrir autores que se esconden en los estantes de las librerías de segunda mano. Allí fue donde encontré estos 10 relatos de mujeres. Ya conocía a varios de los escritores que se reúnen en esta colección, aunque más no fuera de nombre; con algunos había compartido conversaciones unilaterales, ellos narraban y yo escuchaba; con unos tenía más familiaridad que con otros; y a algunos no los conocía de nada. ¿Por qué me los llevé a casa? Cuentos. Tenía ganas de cuentos. Quería devorarlos con gula. Su formato lo permite, se pueden terminar en unos cuantos bocados rápidos y no por eso llenan menos.

Hace algunos años, cuando comencé a escribir relatos cortos, alguien me dijo “la gente ya no lee cuentos”. Por más que intentaron explicarme los por qué, no pude entender esa tendencia que me parecía tan ilógica. Al principio me parecía que era un error, pero luego fui viendo que era verdad: los libros de cuentos no se venden ni remotamente tanto como las novelas. Una de las razones principales parece ser que cuando una historia o personaje le gusta al público, éste no quiere que se presenten de forma tan fugaz como lo hacen en un relato. Ante este razonamiento, no puedo evitar pensar en el consumismo. Parece que hoy en día nada nos basta. Más, más, siempre queremos más. Más comida, y si el restaurante es all you can eat, mejor; más aparatos electrónicos, no basta con un teléfono móvil y una iPad, hay que comprar una tablet y otros aparatos aunque todos hagan lo mismo; más ropa, nuestros armarios explotan de prendas que no usamos nunca, pero cuando llega el fin de semana, hay que ir de shopping y comprar más.

Se me ocurre que algo similar pasa con la literatura. Así como muchos prefieren comer hasta reventar, una gran parte de los lectores prefiere atragantarse con novelas interminables que no dicen nada, o que dicen lo poco que tienen para decir en cientos de páginas con puro relleno mal escrito, antes que saborear un buen cuento narrado en pocas palabras. Entonces, el buffet de comida china por un precio con descuento tiene más éxito que el restaurante que ofrece porciones pequeñas pero deliciosas. Queremos más por nuestro dinero, sin darnos cuenta de que podemos estarnos perdiendo nuevos sabores, historias llenas de encanto, o tal vez de una melancolía y dolor exquisitos, como las que se encuentran en este libro que acabo de degustar. En ellas, un inventor intenta diseñar un robot con intuición femenina, un hombre paga por recibir sueños ajenos, una mujer solitaria decide acudir a una cita. En ellas, hay una mezcla de soledad, miseria, amor y reflexión.

Como siempre y siguiendo con el estilo de este blog, de lo que menos hablo es del libro en cuestión, pero en este caso tiene un poco más de sentido: al tratarse de cuentos cortos, no quiero dar muchos detalles, solo decir que unos me gustaron más que otros, pero todos valieron la pena. La mayoría me hizo pensar. Creo que esa es una de las mejores cualidades del relato; uno bien escrito y con un buen final siempre te deja pensando. No se termina con la última palabra, se queda contigo por un tiempo como una estela literaria. Esto pasa sobre todo en aquellos que sorprenden por su final abrupto o inesperado, nos dejan con la boca abierta, medio atontados. Es algo que la novela no logra. Y es algo que disfruto muchísimo. Me fascina escribir cuentos, pero más me maravilla experimentar una conclusión sorprendente o perturbadora, como la del almohadón de plumas de Quiroga; uno de los mejores finales que he leído.

Para terminar esta entrada de hoy les hago una pregunta: ¿cuándo fue la última vez que leyeron un cuento? No les voy a decir que vayan corriendo a comprarse 10 relatos de mujeres, pero sí les propongo lo siguiente: más abajo publico una lista con los enlaces para leer algunos de los cuentos que más me marcaron, los que leído y releído y que no pierden nunca su magia y originalidad. Sé que son muy conocidos, pero vuelvan a leerlos y si les producen algo, lo mismo que la primera vez, o quizá nuevos sentimientos de sorpresa, intriga, o lo que más les alborote las neuronas, busquen otros cuentos de esos escritores, prepárense un cafecito o el brebaje que más les apetezca y pónganse a leer. No los van a decepcionar.

nuevos viejos tesorosEstos son 7 de mis cuentos preferidos:

  1. Casa tomada. Julio Cortázar
  2. Ojos de perro azul. Gabriel García Márquez
  3. El almohadón de plumas. Horacio Quiroga
  4. El gato negro. Edgar Allan Poe
  5. En la colonia penitenciaria. Franz Kafka
  6. Una rosa para Emily. William Faulkner
  7. La sabana. Ray Bradbury
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2 comentarios el “Un libro de relatos cortos: 10 relatos de mujeres

  1. Yo no quiero vivir en un mundo sin cuentos. Francamente, la gente que aprecie su salud, debería leerlos también sin parar. No hay nada más healthy 😉 ¡Un beso! Ay, La Central de Mallorca también era mi librería favorita. Hasta que nos divorciamos. De momento, no espero ni retomar la amistad.

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    • ¡Hola Jennifer!
      Te pasé a visitar el otro día pero estabas de vacaciones, es la segunda vez que paso y no te encuentro, jeje. Pero me llevé un par de libros, para que sepas, todos los que son en inglés los compro ahí 😉 A ver si la próxima te encuentro que tengo que llevarme mi novela gráfica de Kafka, desde que me la mencionaste hasta sueño con ella.
      ¡¡Noo!! ¿Por qué te divorciaste de La Central? Yo voy siempre a tomar cafecito y leer, ahora no estoy comprando muchos libros porque tengo mil para leer que ya compré.
      ¡Un abrazo y que vivan los cuentos, Cortázar, Quiroga y todos los demas!

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