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Un libro con un color en el título: La flor púrpura

Purple-Hibiscus

Sabía que este libro iba a ser muy crudo porque en una de las charlas que dio su autora, Chimamanda Ngozi Adichie, comentó que la novela se centraba en la historia de un padre de familia abusivo. También mencionó que ella había tenido la suerte de tener una infancia feliz, llena de risas y cariño. Y que cuando alguien le dijo que para ser buen escritor era necesario haber tenido una infancia extremadamente infeliz, comenzó a pensar sobre cómo podía inventar cosas horribles que sus padres le habían hecho. Sabiendo esto, me impresionaron todavía más las vívidas descripciones narradas en primera persona por una protagonista tímida y muerta de miedo: una adolescente nigeriana llamada Kambili. Muchos pasajes fueron tan duros que tuve que cerrar el libro por unos minutos, apretar los ojos y tomarme un respiro. No por ser gráficos ni morbosos ―toda la historia está relatada con mucha altura y dignidad― sino por lo bien que está representado el terror visto desde los ojos de una persona que solo conoce el abuso, de alguien que no se atreve ni a reír o a decir algo incorrecto, que solo sabe llorar en silencio, y que no se conoce ni a sí misma, porque todas las acciones de su vida han sido guiadas por el temor a las represalias. ¿Cómo hizo la novelista para describir con tanta exactitud el dolor indecible de crecer viendo a tu madre sufrir?

No sé cómo lo hizo, pero el producto fue una obra que emociona y también produce rabia y frustración; que te saca sonrisas y que te hace sentir todo en carne propia, como un hierro caliente. Y a veces sus palabras duelen, debido a que narran la hipocresía de un fanático religioso que comete injusticias en nombre de su Dios católico, al que no le tiembla la mano cuando tiene que castigar a los miembros de su familia para reforzar la importancia de su religión y su moral. El hecho de que todos lo consideren un santo por donar dinero y ayudar a sus vecinos, pero que de puertas para adentro ese “santo” se convierta en un tirano, causa un verdadero revoltijo en el estómago. Y nos hace recordar con una cachetada, que el abuso se da en todas las clases sociales.

Pero como bien dice Chimamanda en su charla que les dejaré más abajo, no es bueno ver una “historia única” y yo no voy a hacer eso con su libro. La autora nos señala muchísimas cosas: el peligro del fanatismo religioso sea cual sea la religión, la inestabilidad política de Nigeria, la belleza de las costumbres del país, el contraste entre una familia con dinero que está rota y otra que a veces se queda corta en sus raciones de leche, pero a la que nunca le faltan las risas estridentes. Muchas historias se entrelazan en esta novela, muchos personajes atiborrados de vida despliegan todos sus colores bajo un sol africano que abraza sus almas libres. En el libro también hay bondad y hasta esperanza en una flor. Uno siente que es justo que aparezcan esas personas, porque en la realidad también están, esos que te muestran caminos distintos, que te dan la fuerza que te falta, que te enseñan a llorar con ganas, a reír con firmeza.

No quiero comentarles más sobre el libro, quisiera que se animen a explorarlo, a pesar de que algunas páginas produzcan reacciones físicas no muy agradables. Quisiera también terminar la nota de hoy comentando un poco sobre la charla que les mencionaba. En ella, la escritora nos cuenta el peligro de ver las cosas desde una única perspectiva. A partir de allí, me dieron más ganas de leer su primera novela, porque un profesor se la había criticado diciendo que sus personajes no eran lo “suficientemente africanos”, ya que conducían autos y no estaban muriendo de hambre o SIDA. Y un estudiante le comentó con descaro que había leído el libro y que era una lástima que todos los hombres nigerianos fueran abusivos. Ella le respondió algo muy ingenioso, generando carcajadas que resonaron en toda la sala, pero si quieren saber qué fue lo que le dijo, van a tener que ver la charla, y enterarse de por qué es tan perjudicial mirar las cosas desde un solo lado y vivir llenos de prejuicios. Y les digo, después de haberla escuchado, leído y pensado, tengo cada vez más ganas de salir de la comodidad europea a explorar el continente africano, más precisamente a Nigeria. Sé que un día lo voy a hacer, tal vez me tome tiempo, como todo, pero no me voy a quedar con las ganas, ya aprendí que tengo fuerza para muchas cosas, y eso gracias a personas como Chimamanda, como mi madre, que es mi mayor inspiración en la vida. Y a mis amigos coloridos que ríen a carcajadas, por supuesto.

¿Le regalan unos minutos de su vida a un tema que los hará pensar? Aquí se los dejo. Y como siempre, espero opiniones 🙂

“La historia única crea estereotipos, y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Hacen que una historia se convierta en una historia única.” Chimamanda Ngozi Adichie

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